Despedir y recibir el año en Kyoto

Si tuviera que elegir algo de todo nuestro viaje a Japón sería muy difícil, porque vimos muchas cosas que me encantaron. Pero al elegir una ciudad en la que me sintiera bien y me gustara prácticamente todo, tendría que ser Kyoto. La que fuera capital del país justo antes de Tokyo mezcla en sus calles lo tradicional y lo moderno sin que haga daño a la vista. Cuando se piensa en este país se piensa en geishas y rascacielos, en samuráis y videoconsolas. Pues la sensación que yo tuve al estar en Kyoto es que era posible mezclarlo sin problemas, no como pasa en Tokyo (o quizás es solo una sensación).

La red de transportes se basa principalmente en un buen sistema de autobuses urbanos, ya que el metro tan solo tiene dos líneas que atraviesan la ciudad en forma de cruz, no llegando a todas partes. Lo gracioso es que se entra por detrás y se sale por delante, que es donde se paga. También hay algunas líneas de tren de cercanías que te llevan a partes un tanto más lejanas que vale la pena visitar (como el bosque de bambú).

Lo bueno de visitar la ciudad justo para el año nuevo es que está todo engalanada, los templos están decorados y hay puestos de comida por todas partes. La gente sale a la calle a pesar del frío y todo está muy vivo. Lo malo es que con tanta gente en algunos templos no te podías ni mover, y era complicado encontrar dónde comer. Las tiendas no estaban apenas cerradas, ya que la ciudad recibe la mayoría de su turismo en esos días festivos de año nuevo y tienen que aprovecharlo.

Nosotros llegamos a Kyoto la mañana del 31 de diciembre y tras dejar las maletas en el hotel fuimos directos al mercado Nishiki, una galería techada estrecha y larguísima donde había puestos de vendedores y algunas tiendecitas. Estaba tan abarrotado que no podíamos apenas avanzar. Olía sobre todo a pescado y a especias. Después estuvimos en la galería comercial Teramachi y en calles aledañas donde había muchas tiendas y bastantes templecitos escondidos en recovecos.

p1100163_副本El año nuevo lo recibimos en el hotel, porque a parte de frío yo estaba muerta de cansancio y empezaba a resfriarme, así que decidimos comer en los puestos de comida que había en las calles que subían al templo Fushimi Inari y tras visitarlo, volvimos al hotel a ver “las campanadas” por la tele. En Japón, cuando llega la medianoche, empiezan a tocar las campanas en los templos. Pero no los doce toques, sino 108 campanadas que se van dando durante varias horas. Por otra parte, este templo que vimos me fascinó y creo que es mi favorito de todos los que vi, ya que tenía un camino de más de 4km enmarcado por torii, que son las puertas o arcos hechos de madera y pintados en rojo (también los hay de piedra o metal, pero los de madera son más famosos). El templo estaba dedicado a la diosa Inari que tiene dos guardianes que son zorros. Así que en todas las tumbras y altares te podías encontrar con estatuas de zorros en madera o metal, que guardaban a los espíritus (y daban bastante yuyu). P1100171_副本Os contaré más de nuestra visita a Kyoto pronto, no quiero que haya sobrecarga de imágenes y explicaciones ;)

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