Cultura: cine, música, libros

El efecto Federico Moccia

Todo empezó cuando, hace ya unos cinco años (quizá), en clase de italiano, la profesora nos puso un texto en el que se habla del fenómeno “Moccia” y sus seguidoras, las llamadas “moccione”: chicas enganchadas a la literatura amorosa de este nuevo escritor.

Al cabo de unos años (el pasado, para ser exactos), me encontré con “Tres metros sobre el cielo” en una librería, y se lo regalé a mi amiga Marta, porque era su cumpleaños y me sonaba a mí que el tal Federico Moccia era famoso en Italia. A mi amiga le encantó el libro y me lo dejó para leerlo al cabo del tiempo.

Lo siento mucho por Federico y su banda de seguidoras, o será que la traducción no me convence o que los italianos hablan así, pero no me convenció mucho. La escritura, aunque me recuerda un tanto a mi propio estilo de escribir, deja bastante que desear. Es entrecortada y te llena el párrafo de frases o muy largas  o muy cortas. No sé seguir el ritmo.

La historia engancha bastante porque ¿a quién no le fascina un romance entre una pija repipi y un chulo con moto? En todas nosotras reaparece ese espíritu adolescente y ese síndrome de princesita en la torre a la que tiene que salvar un tipo varonil. Engancha, porque quieres saber cómo se vive ese tipo de amores tan intensos.

Pero en lo que se refiere a la prosa, no me gustó mucho. Eso sí, el libro me lo bebí y cuando la peli (versión española) se estrenó, fui a verla. Totalmente aceptando el hecho de que era  un producto comercial. Pero me gustó. Qué le vamos a hacer.

El libro, sin embargo, intenta hacer que el protagonista, el macarra este, que tiene una razón por ser así de macarra y que no soporta esa vida y quiere ser feliz encontrando el amor, me dé pena. Entiendo que hay tragedias. Pero no me da pena. Es más, me da vergüenza ajena. Aunque eso se debe a que, como la mamá de Babi, yo tampoco acepto este tipo de personas.

El miércoles me acabé de leer la segunda parte: “Tengo ganas de ti”. El tonto de Step se vuelve de Nueva York tras dos años en los que no ha olvidado a Babi. Y ahora empieza lo mejor: va a enamorarse de nuevo y a olvidarla. Y a madurar. Eso me gusta, porque al fin y al cabo todos tenemos que acabar por aceptar la adultez y buscar un trabajo. Step no lo pasa muy bien porque el corazón le sigue doliendo y sigue con sus problemas de familia.

El autor nos quiere meter de nuevo en la cabeza de Step, pero a la vez nos entretiene con historias paralelas de otros personajes que aparecieron en el primer libro, para que veamos lo que les ha pasado y cómo les va. Aquí me parece demasiado grosero y explícito en las escenas de sexo, que son, para mi gusto, demasiadas.

La escritura, parecida: entrecortada y bastante forzada a veces. Se ve que me gustan más otros estilos. Eso sí, la historia vuelve a enganchar y no porque Step sea un tío interesante que caiga bien (o a mí al menos), sino porque es, de nuevo, otra historia de amor, desde otra perspectiva. Superar un amor pasado, superar un trauma pasado, vivir el presente y aprovecharlo… Cosas que todos vemos como reales.

Anuncios

1 thought on “El efecto Federico Moccia”

  1. Pingback: Adiós al 2011 «

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s