Esas cosas que pasan

Otra vez me he quedado “sin trabajo”. Otro sitio en el que me dicen que no hay nada para mí por ahora. Sin embargo, tengo un buen presentimiento porque el chico me ha dicho que si sale algo me avisarán la primera, ya que les gustó mucho mi currículum y mi carta de presentación. No es mentira, apenas una hora después de escribirles el email me llamaron para ver cuándo podía estar disponible. Supongo que esto es como todo. Quizás tengo suerte y salen más grupos de la cuenta y me llaman. Entretanto he hecho otra entrevista y sigo enviando el currículum a varios sitios, pero estoy un tanto agobiada porque entre las clases particulares y el máster a distancia se me come el tiempo, y cuando tengo un rato me pongo a preparar material de tarjetas o a hacerlas.

Sobre esto puede que tenga buenas noticias, porque ¡me han preguntado para un encargo de invitaciones de boda! Estoy bastante contenta, aunque aún no será seguro y será una carga de trabajo ya que serían cincuenta tarjetas con la pareja de novios en origami y los adornos correspondientes. Me veo con los dedos atrofiados de tanto doblar papel. Ayer estuve mirando en las tiendas para los materiales y haciendo cuentas por si el presupuesto inicial me daba para sacar beneficio por tantas horas de trabajo. Parece que por ahora sí.

Esta semana va a estar cargadita, porque, entre otras cosas, llevo un retraso con los temas de algunas asignaturas del máster y tengo que ponerme las pilas. Además, los niños a los que les doy clases tienen ya los exámenes de la segunda evaluación, que es clave para ver el progreso. Por ahora han aprobado, pero el nivel que tienen en francés es demasiado alto. Yo, que siempre daba lo mismo cada año, lo que habría dado por avanzar la mitad de lo que lo hacen estos niños.

El martes tengo cita para renovar el carnet de identidad. Parece que fue ayer cuando tuve que ir a reonovarlo, otra vez, y el mismo año en que me lo había renovado, porque lo perdí entre el aeropuerto de Orly y las oficinas de Disney, allá por el 2007. Mi hermana se lo renovó este viernes y ha usado la foto de la orla, que se la hizo hace dos meses. Mi madre me ha dicho que haga lo mismo, porque como tengo las fotos aquí guardadas en el sobre, sin darles uso ni nada… dice que no se nota que tenga menos años… pero ya os diré yo cuando tenga treinta años y la foto sea de mis veinte. El policía que me lo renueve en el 2017 me dirá que me conservo muy mal, como le pasó a mi madre la última vez. Esas cosas que pasan.

Un puente de 4 estrellas

Mi francés me mima demasiado, qué le vamos a hacer. Por eso de este puente no me puedo quejar, aunque en realidad con él poco me puedo quejar en realidad. A Guillaume le gusta la naturaleza, mucho, y le gusta Andalucìa. Por eso preparò un viaje sorpresa para los dos en el que yo solo tenìa que llevar un bañador y ropa deportiva.

La idea era ir a la sierra malagueña, a visitar Ronda un dìa y luego Antequera. Aunque yo he estado varias veces en Ronda, no podìa decir que no. Mi sorpresa era que en vez de ir a una cabaña como me habìa dicho, ìbamos a dormir en el Parador de Ronda, justo al lado del Tajo, con vistas a la montaña.

Nuestra suerte fue que el tiempo era màs de primavera y pudimos dejar los abrigos y pasear tranquilamente por el casco històrico.

Al dìa siguiente nos fuimos direcciòn a la “otra cabaña” en mitad de la montaña cerca del Parque Natural del Torcal de Antequera. La localizaciòn en mitad de la nada sì era verdad, pero el hotel era un “spa” de 4 estrellas con unas vistas increìbles. (A esto me refiero con que me mima demasiado).

Por la tarde fuimos al Torcal y nos quedamos boquiabiertos con la naturaleza. Es màs que increìble.

Por la tarde nos volvimos al “spa” del hotel y nos remojamos en la piscina de agua salada con chorro de cuello de cisne, el jacuzzi, el hammam y la sauna (donde por poco me da un mareo).

El ùltimo dìa de nuestro pequeño viaje nos llevò a Antequera, donde pudimos visitar el centro y luego dirigirnos a la parte alta para visitar la Alcazaba y la Colegiata. Vale la pena porque no es para nada caro y te dan una audioguìa que te lo explica todo en menos de 40 minutos, y las vistas sobre el peñòn de los enamorados (al que yo llamo la tortuga porque desde un àngulo concreto es lo que parece) y la sierra son preciosas. 

Este ha sido mi puente, conociendo un poco màs mi tierra y disfrutando del tiempo, la naturaleza y mi francés, que me mima demasiado :)

La casa de los espíritus {libro de febrero}

Cuando era adolescente y el furor por Harry Potter estaba en todo su apogeo, conocí a una chica por internet en una página de fans. Mi tocaya y yo teníamos muchas cosas en común, no solo la pasión por el niño mago. ¿Por qué os cuento esto? Pues porque nos hicimos “amigas por carta” y en una ocasión recibí un paquete en el que, entre otras cosas, venía su libro favorito en una edición de los años sesenta.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende, me ha recordado mucho a Cien años de soledad. Será por la ligereza de las palabras y la redacción, será por la temática en la que el centro de la historia es la evolución de una familia a lo largo de los años, será por los elementos fantásticos que parecen como algo natural para los personajes y para el autor. No tiene la redacción tan elaborada de García Márquez, y el vocabulario es mucho más similar al nuestro, pero me ha dejado el mismo sabor que es el de leer un español bonito.

Al principio no me gustó mucho, porque algunos personajes me parecían feos y las anécdotas aburridas y algunas desagradables. Pero poco a poco me fue cautivando y no cejé en mi lectura, y la historia fue evolucionando tranquilamente y con más fantasía que al principio, pero con más interés puesto que va dando pinceladas y ofreciendo detalles de las historias que ocurrirán después, dejándote con la intriga para que sigas leyendo.

Se trata de la familia de Clara y los vaivenes de todas las personas que fueron importantes en su vida de algún modo, condimentados por los acontecimientos históricos del país, que nunca se menciona, pero que podría ser cualquier país latinoamericano aunque más concretamente el de la propia escritora, Chile. Mezcla puntos de vista, narradores, pero el relato sigue una línea cronológica.

A veces me perdía porque la historia pivota siempre alrededor de una figura femenina y en algunas ocasiones los personajes me parecían ser los mismos a lo largo de los años. Un poco repetitiva a veces, un poco confusa también, pero un libro interesante que debe estar en la lista obligada de literatura contemporánea hispana.

Huevos bretones {receta}

Esta receta la encontré allá por 2009 cuando buscaba cosas interesantes que cocinar mientras estaba en Francia. Poco a poco la he ido modificando para hacerla más fácil y en tan solo media hora poder tener una comida rica y sana. Os la dejo por si queréis probarla en casa, ya que se puede hacer con cosas que se tienen en la nevera para el sofrito y luego añadir los huevos.

INGREDIENTES (para 4 personas aprox.)

4 huevos – 200g de bacon – 200g de jamón york – 1 cebolla – una lata mediana de champiñones en láminas – una lata mediana de tomate natural entero pelado (o triturado para acelerar el proceso) – queso rallado

Opcional: un vaso de caldo de pollo (y si se echa no hay que sazonar). A veces le pongo también zanahoria, pero tengo que echarla al principio para que se haga bien. La receta original incluía además dos o tres cucharadas de harina, ahora os explico.

Para acompañar suelo hacer patatas al horno, con sal simplemente o con bacon y queso rallado por encima.

INSTRUCCIONES

1. En una olla de gran diámetro echamos aceite de oliva y la cebolla picada o en trocitos pequeños. Mientras se va haciendo, cortamos el bacon y el jamón york en trocitos y luego los añadimos, cocinando a fuego medio.

2. Si hemos cogido tomate entero, lo picamos y vamos echando y repartiendo por la olla. Ponemos un poco del caldo que viene en la lata para que se vayan cocinando los ingredientes en él. Si es tomate triturado, echamos algunas cucharadas hasta formar una base homogénea con los otros ingredientes.

3. Echamos también los champiñones (si son naturales el sabor es mucho mejor). Dejamos que se vaya haciendo.

4. Si vemos que se va quedando “seco”, vamos añadiendo un poco más de tomate. Si queremos poner el caldo de pollo para que quede más sabrosón (recordad no echar sal), calentamos un vasito de caldo de pollo (en el microondas) y lo añadimos. Esto le da más sabor pero tardamos más en hacerlo.

5. En la receta original, para compensar el vaso de caldo, había que añadir harina (dos o tres cucharadas, según cantidad de sofrito) y remover para que la base se quedara más compacta. Yo he dejado de hacerlo porque me gusta que se quede la salsa más líquida: solo basta con echar menos caldo de pollo y menos tomate.

6. Llega el momento de echar los huevos. El sofrito debe formar una base de entre dos y tres dedos de espesor. Haremos un pequeño hueco en forma de nido en el sofrito (sin que se vea el fondo de la olla) y ahí mismo pondremos el huevo. Ponemos los cuatro huevos situados estratégicamente por la olla para que no se toquen entre sí.

7. Ponemos una pizquita de sal en cada huevo y los cubrimos de queso rallado. Yo cubro casi toda la olla de queso, pero lo fundamental es cubrir el huevo por completo para que, al hacerse, el queso se quede fundido en la clara.

8. Bajar el fuego y dejar que se hagan. Si cubrís la olla el queso se hace antes con el vapor. No tiene que hervir, porque el sofrito ya está hecho cuando echamos los huevos.

Lo bueno de esta receta es que si te falta jamón puedes poner pollo, si no tienes caldo de pollo o no quieres poner tanto tomate, solo tienes que rebajar la cantidad. El caso es hacer una base en la que cocinar los huevos cubiertos de queso. Luego solo hay que sacarlos con una espátula y añadir el sofrito y el acompañamiento (patatas, pasta o arroz). Es una receta que puede salir bastante sencilla y en la que el calcular “a ojo” es totalmente válido e, incluso, recomendable.